Guía sobre qué llevar o cómo vestir en un funeral
Aprende a vestir con respeto y consideración en un funeral, una guía práctica para acompañar a tus seres queridos en momentos difíciles.

"Autor de 'Rayuela' y maestro del relato corto latinoamericano. Revolucionó la narrativa con su estilo experimental."
“Julio Cortázar 1914-1984”
“Julio Cortázar 1914-1984”
Este espacio resalta la tumba real en el cementerio.
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Julio Cortázar fue el gran cronopio de la literatura universal, un escritor que transformó la lectura en un juego participativo y que rompió la estructura lineal de la novela con su obra maestra, *Rayuela*. Miembro fundamental del "Boom" latinoamericano, Cortázar vivió entre Buenos Aires y París, capturando la magia de lo cotidiano, el surrealismo de las ciudades y el jazz de las palabras. Para él, la literatura no era una profesión, sino una forma de rebeldía y de búsqueda constante de la libertad.
Nacido accidentalmente en Bruselas en 1914 y criado en Argentina, Cortázar se trasladó a París en 1951, donde trabajó como traductor para la UNESCO. Sus cuentos, como los recogidos en *Bestiario* o *Final del juego*, son prodigios de lo fantástico donde lo extraordinario irrumpe en la realidad más común de manera inquietante. *Rayuela* (1963) cambió las reglas del juego: una novela que puede leerse de muchas maneras, obligando al lector a ser un "lector hembra" (término polémico de la época) o un "lector cómplice" que construye su propia historia.
Cortázar inventó a los "Cronopios" (seres poéticos y desordenados) y a los "Famas" (seres rígidos y organizados) para describir las dos caras de la humanidad. Fue un hombre de una ética intachable, que dedicó gran parte de su madurez a apoyar las causas revolucionarias en América Latina, especialmente en Cuba y Nicaragua. Sus textos políticos nunca perdieron la calidad poética; para él, la revolución era también una cuestión de lenguaje y de apertura mental hacia lo nuevo.
Falleció en París en 1984, dejando un vacío inmenso en las letras hispanas. Cortázar fue un hombre de una estatura física e intelectual imponente, que conservó hasta el final una mirada joven y curiosa sobre el mundo. Su muerte marcó el fin de una era en la que la literatura se atrevía a ser un experimento vital y político sin fronteras. Sus cartas y relatos póstumos siguen revelando a un hombre que nunca dejó de jugar con el azar y con la belleza de lo inesperado.
Julio Cortázar descansa en el cementerio de Montparnasse, en París, en una tumba que comparte con su última esposa, Carol Dunlop. Su sepultura es, posiblemente, la más original del cementerio: siempre está llena de vasos de vino, boletos de metro, flores y, sobre todo, dibujos de "rayuelas" grabados o dibujados por fans sobre el mármol. Los visitantes juegan un último juego con el autor, dejando piedritas sobre los números. Su epitafio no es una frase, es la interacción constante de sus lectores, confirmando que Julio sigue siendo el gran cómplice de todos nosotros.
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