Guía sobre qué llevar o cómo vestir en un funeral
Aprende a vestir con respeto y consideración en un funeral, una guía práctica para acompañar a tus seres queridos en momentos difíciles.

El cementerio más grande de Madrid y uno de los mayores de Europa occidental. Alberga los restos de personalidades como Santiago Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós y La Pasionaria.
Novelista y dramaturgo
“A Benito Pérez Galdós, su pueblo”
Pintor
“Diego Rodríguez de Silva y Velázquez”
Política
“¡No pasarán!”
Pintor
“Francisco de Goya y Lucientes”
Escritor
“El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menoscaban, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que teng…”
Neurocientífico
“A Santiago Ramón y Cajal, la ciencia universal”
El Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena no es solo la principal necrópolis de la ciudad de Madrid, sino también una de las más vastas, imponentes y ricas arquitectónicamente de toda Europa Occidental. Con una asombrosa extensión que supera holgadamente las 120 hectáreas, este histórico y solemne camposanto, cuyas puertas se abrieron por primera vez en el año 1884, ha sido el lugar de reposo definitivo para más de cinco millones de personas a lo largo de sus casi siglo y medio de existencia, albergando una asombrosa cifra que, de hecho, supera a la propia población viva actual de la capital española. Estratégicamente situado en el distrito de Ciudad Lineal, escoltado por la emblemática Avenida de Daroca y la transitada M-30, el Cementerio de La Almudena trasciende con facilidad su propósito inicial, la mera función funeraria, erigiéndose hoy como un auténtico y sobrecogedor museo al aire libre. Este espacio es un rincón imprescindible de la urbe donde convergen sin esfuerzo la historia contemporánea de España, la memoria colectiva de sus ciudadanos, la riqueza de un patrimonio incalculable y el deleite de la variada escultura y el arte monumental.
Los visitantes que se adentran más allá de su imponente entrada de estilo neomudéjar se ven rápidamente desbordados por un sinfín de majestuosos panteones de estilo modernista, elaboradas esculturas góticas y severas pero bellas figuras románticas. Recorrer sus silenciosos y sinuosos senderos significa también visitar las tumbas de figuras cruciales para el país: mentes brillantes de la ciencia mundial como el mismísimo Santiago Ramón y Cajal, cumbres de la literatura como el glorioso novelista Benito Pérez Galdós, icónicas estrellas del folclore como la inigualable Lola Flores ("La Faraona"), o prominentes figuras de la crónica política del siglo XX. El Cementerio de la Almudena es, en suma, un sobrecogedor espacio que ofrece al visitante el reflejo más solemne y fascinante del devenir histórico de Madrid y del inquebrantable legado de quienes la construyeron.
Para comprender profundamente la historia del Cementerio de La Almudena, debemos retrotraernos a los convulsos años finales del siglo XIX, en un contexto de acuciante emergencia sanitaria. En el año 1884, una agresiva epidemia de cólera morbo asiático azotaba severamente las calles de Madrid, así como a gran parte del continente europeo, diezmando a la población. El alarmante aumento de la mortalidad y la precaria saturación de los antiguos camposantos parroquiales obligaron al Ayuntamiento de Madrid a habilitar con extrema urgencia un cementerio provisional, conocido dolorosamente en aquella época como el "Cementerio de Epidemias".
Este cementerio de urgencia se situó estratégicamente junto a los terrenos proyectados para la monumental Necrópolis del Este, una inmensa y ambiciosa obra que, por entonces, aún se encontraba lejos de estar finalizada. El diseño de este titánico recinto había sido meticulosamente concebido por dos de los grandes arquitectos de la época, Fernando Arbós y Tremanti y José Urioste y Velada, quienes soñaron y diseñaron con gran detalle un recinto sin igual en toda la capital, integrando con maestría estilos de la época como el neomudéjar, el neogótico y el neorrománico clásico.
A pesar de sus inicios trágicos, la fecha oficial que consta del primer enterramiento registrado dentro del camposanto data del 15 de junio de 1884, correspondiente tristemente a un niño llamado Pedro Regalado. Lo que en sus orígenes fue proyectado como una mera y lúgubre instalación de carácter puramente provisional, se consolidó en poco tiempo como una necrópolis de carácter definitivo y permanente: en las décadas posteriores, La Almudena se consolidó como el primer, más grande y casi único cementerio municipal de la ciudad, ostentando el monopolio absoluto de los enterramientos municipales hasta la tardía apertura del Cementerio Sur situado en el barrio de Carabanchel.
A lo largo del frenético siglo XX, la superficie y la importancia del cementerio crecieron de forma puramente exponencial acompañando al dramático crecimiento urbanístico y poblacional de la propia ciudad de Madrid. Finalmente, en el año 1925 se completó la espléndida inauguración oficial y definitiva de la zona histórica, dando por concluida la parte monumental tras décadas de arduo esfuerzo constructivo.
Durante y cruelmente justo después de la cruenta Guerra Civil Española (1936-1939), los vetustos muros y tapias de La Almudena fueron testigos excepcionales y marco de oscuros episodios dramáticos y ejecuciones sumarias. Entre todas ellas destaca poderosamente y ha quedado sellada en el sentir colectivo la trágica ejecución de las Trece Rosas, trece jóvenes mujeres, en la célebre tapia sur del recinto la fría madrugada del 5 de agosto de 1939. En la actualidad, este suceso goza de una profunda carga simbólica e innegable significancia dentro del ámbito de la memoria histórica española, contando con placas de homenaje y un continuo trasiego de recuerdos florales.
La Almudena también ha sabido ser escenario y protagonista de la indiscutible evolución de las costumbres funerarias y sanitarias del pueblo español de la Edad Contemporánea. En un paso pionero y rompedor, en el año 1973 se procedió a la inauguración, justo en su recinto, del primer horno crematorio de toda España. Esta construcción civil marcó un verdadero antes y un después, introduciendo y popularizando en el país la tendencia moderna a la cremación, abriendo con éxito un nuevo y amplio capítulo en la variada y rica cultura funeraria de herencia mediterránea.
Debemos aclarar que La Almudena no es, bajo ningún concepto, un recinto unitario ni un cementerio aislado y monolítico. A nivel arquitectónico, administrativo y espacial, La Almudena forma parte indisoluble de lo que se conoce como un gran complejo de descanso final. El enorme muro que lo delimita protege el famoso contiguo Cementerio Civil de Madrid, un espacio excepcionalmente rico en historia laica que, desde hace siglos, acoge las reliquias de ilustres pensadores republicanos, agnósticos y figuras socialistas (donde descansan majestuosamente colosos de la talla de Pablo Iglesias Posse, fundador original del Partido Socialista Obrero Español [PSOE], célebres escritoras como Almudena Grandes o maestros literarios de la talla de don Pío Baroja). Igualmente destacable dentro de la misma metrópolis fúnebre lo es el histórico, austero y privado Cementerio Hebreo, cuidadosamente separado por la monumental y prolongada arteria vial de la Avenida de Daroca. Todo este conjunto, por sí solo, encierra la pluralísima biografía, cultura, conflictos y éxitos de la gran capital en sus postreros doscientos años de evolución cívico-social.
La excepcional valía patrimonial del Cementerio de la Almudena reside en su deslumbrante eclecticismo arquitectónico y escultórico. Dar un paseo por sus intrincadas callejuelas sombreadas por los inmensos cipreses es sumergirse de lleno en un asombroso compendio vivo de las principales vanguardias y movimientos estéticos de los siglos XIX y XX de Europa.
Desde el primer impacto visual, el pórtico principal de entrada recibe al visitante con una monumental arquitectura neomudéjar esculpida en rojizo ladrillo visto, rindiendo un sentido y sobrio homenaje a las eternas influencias moriscas incrustadas en el alma ibérica histórica. Una vez franqueada la entrada, los panteones de las ilustres familias burguesas y aristocráticas dominan enérgicamente el paisaje, erigidos mediante pesados y costosos bloques de granito negro y mármoles purísimos importados de Carrara.
Podremos admirar grandiosos diseños neogóticos que extienden sus afilados pináculos y puntiagudas gárgolas suplicando almas y cielos. También resplandecen excepcionales ejemplos del estilo Art Déco puramente geométrico y elegante en panteones de familias ricas que desearon mostrar su poder económico perenne más allá del umbral de la vida, así como espléndidas muestras del exquisito detalle modernista, caracterizado por las asimétricas formas florales o vegetales que abrazan las desgastadas cruces y figuras religiosas con infinita melancolía.
Obras esculturales magistrales, elaboradas por ilustres cinceladores y arquitectos españoles de grandísimo renombre como Mariano Benlliure, engalanan los recintos privados. Uno de los mayores tesoros que alberga el cementerio es su colección inaudita de ángeles afligidos, majestuosas esculturas mortuorias, velos de mármol y las impresionantes bóvedas familiares labradas piedra a piedra por varias generaciones de maestros canteros, que otorgan al visitante una estremecedora sensación de paz, devoción religiosa y eterno asombro artístico incomparable.
Las siguientes historias forman parte de la tradición oral y se presentan como relatos populares.
Según cuenta la inquietante tradición popular, la imponente y aterradora gran escultura de bronce negro del conocido "Ángel Exterminador", la cual corona solemnemente desde la inmensa altura el techado superior de la capilla de La Almudena, se encuentra sumida y duramente envuelta en un aura inexpugnable de pánico, mito y oscuro misterio popular. La leyenda local asegura y transmite por inercia desde tiempos decimonónicos que toda aquella pobre persona desdichada que alcance a oír involuntariamente u oír sonar remotamente la broncínea trompeta del serafín fúnebre fallecerá en un plazo corto, trágico y desesperadamente funesto. Asimismo, relatan las viejas biblias supersticiosas que en el fatídico último día fijado por el infalible Juicio Final dictado por Dios, dicha tétrica estatua angelical bajará repentinamente del tejado gótico y hará reventar la quietud con las estridencias de su instrumento arcánico, resucitando al son del estruendo a todos y cada uno de los muertos sepultados del perímetro. A título sumamente puramente anecdótico y verificable, al ser restaurada minuciosamente su base a finales del siglo, se optó precavidamente por modificar y desviar la polémica orientación original de la citada trompeta, otrora ubicada a escasos milímetros del rostro como dispuesta para soplar fuego. Ahora la descansa apaciguada de modo vertical junto al fémur y la rodilla, como en actitud reverencial; es, a juicio de los innumerables amantes de los relatos orales madrileños de tinte paranormal, una jugada o ingenioso acto subrepticio por parte del propio Ayuntamiento aterrorizado de la época cuyo afán expreso resultaba conjurar el peligro, rebajando y mutilando simbólicamente así, el terrible poder oculto. Fue esculpida sin ningún reproche visual por el celebérrimo e insuperable escultor Josep Llimona, quien terminó la fundición exhaustivamente allá por los años del 1895, constituyéndose sin lugar a dudas como el mayor adorno del patrimonio icónico madrileño dentro de los perímetros amurallados del silencio y de las sepulturas.
De entre el abultado e inmesurable conjunto de lúgubres crónicas espectrales que adornan la imaginación mortuoria en las gélidas e impenetrables guardias invernales de Madrid han abundado notablemente múltiples, constantes y convergentes atestiguaciones presenciales aterradoras. Han llegado puntualmente testimonios por parte de avezados cuidadores nocturnos armados, serenos de los lindes e incorruptibles y fríos sepultureros, refiriendo numerosos avistamientos desconcertantes y sin origen material posible acerca de la aparición incorpórea e irreprochable figura esbelta que se viste puramente con amplios recubrimientos fúnebres destellantes de tiza. Se alega desde el sentir oral transmitido a lo largo del duro hormigón funerario, de manera profusamente extendida entre los más ancianos y viejos tenderos sepulcrales, que este vapor de llanto gélido transcurre en errancia a través y entre el intrincado bosque de las abovedadas moradas. Tal presencia vagaría presuntamente buscando a destajo algún consuelo perdido a modo de prolongación interminable de su penosa tortura tras haberse alejado abruptamente del tejido vital sin poder consumar siquiera la mínima y dolorosísima despedida necesaria hacia las carnes y existencias de sus desgarrados mortales seres más queridos de la extinta familia.
Se documenta vivamente otra espeluznante curiosidad nacida entre los fatigados trabajadores rutinarios del volante municipal. Dentro de la copiosa mitología asociada históricamente a los pesados autocares azules (originarios de la empresa municipal EMT), los encargados de conducir los pesados transportes y serpentear incesantemente la ruta exclusiva del recinto reportan incomprensibles historias espeluznantes experimentadas durante los últimos grises viajes crepusculares. Afirma rotundamente esta creencia tan fuertemente adherida que una muchacha frágil entraba subrepticiamente por los accesos abiertos pagando la tarifa oportuna, y, curiosamente, su solicitud imperativa de descender del mastodóntico autobús enfilaba justo enfrente de la explanada donde descansa el panteon conmemorativo de los ilustres Héroes inmolados noblemente por su amor a la antigua perla hispana que perdieron valientemente defendiendo en Cuba. Sin previo crujir alguno ante tal inmensidad del monolito en silencio de los difuntos marinos la mujer de pronto no generaba sombra y desaparecía inexorablemente en el aire antes incluso de abrirse siquiera las ruidosas compuertas dobles automatizadas, dejando en la impotente o inerte caja rodadora de gasolina únicamente un sutil rastro e impoluto helor inexplicable sobrecogiendo espantosamente al anonadado chofer despavorido en frente del volante. Suman perplejidad y tensión el asertar infinidad de voces de conductores atestiguando juramentados que, a pesar de revisar que no había ni un ápice de vida transportándose en el colosal pasillo metálico de clausura antes de aparcarlo... no hay respuesta racional factible cuando extrañamente y con aterradora asiduidad todas luminiscencias rojas obligatorias pulsadas por imaginados dedos ausentes estropean sistemáticamente la apagada e insignificante quietud al finalizar obligando irremediablemente la temida y desesperada luminaria "parada solicitada" resplandeciente en el fin de la marcha.
A modo de facilitar la inmensidad de las hectáreas y ofrecer a ciudadanos foráneos, así como a turistas y curiosos, una enriquecedora experiencia cívica, educativa, formativa y profundamente respetuosa; es el propio ente gubernamental madrileño, rigurosamente canalizado a lo largo del año a través del excelente programa operado por los Servicios Funerarios de Madrid y su filial (SFM), quien habilita, organiza asiduamente y promociona un excelente abanico especializado de excelentes y pedagógicas visitas exhaustivamente guiadas de tinte histórico patrimonial enfocado en ilustrar el intrincado legado mortuorio incalculable que esconde minuciosamente el pilar urbano más enorme dedicado a preservar memorias eternamente sepultadas: La Almudena.
Las principales sendas y rutas maravillosas que gozan habitualmente de más encanto disponibles para todos aquellos entusiastas del misterio histórico necrófilo son verdaderamente espectaculares:
Resulta inexcusable remarcar para el visitante que desee acceder que todos estos pases sumamente demandadas entradas siempre y escuetamente en ocasiones reducidas siempre obligadamente e ineludiblemente de forma imperiosa suelen, acostumbran y exigen ser rigurosamente exigidas pagadas e inexorablemente obtenidas siempre y cuando sea previo arduo contacto preventivo previo paso por pasarela del consorcio logrando adquirirse previsoramente logísticamente compradas con inexorable anticipación y extensa reserva estrictamente formal abismada con grandísimo tiempo anticipadamente en todos modos imperante mediante siempre exclusiva reserva preventiva previa y tramitación oficial previa exigida rigurosamente por imperativos innegociables a inmensurable asiduísima través asiduidad exhaustiva del inmenso y formidable complejo en digital habilitada pasarela electrónica en exclusiva la muy eficiente operativamente hablando y accesible excelente y famosa la grandísima inexpugnable e incuestionablemente eficaz plataforma web on-line del ente gestor administrativo gestor inmejorable la gran empresa pública de las excelentísimas operaciones públicas aclamadas y consolidadas Servicios Mortuorios Funerarios de la mismísima Villa consistorial del vastísimo del Excelentísimo Ayuntamiento magno capitalino de los madriles la ilustre e ínclita ciudad capital inmejorable y abnegada cuna madrileña imperial sin igual España entera asidua con su indómito espíritu incansable histórico Madrid...
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